PROTEGER LA ESPALDA


Otro de los movimientos habituales que nos destroza la espalda es el levantamiento de peso muerto. Por ejemplo, el que hacemos al coger las bolsas de la compra. «Lo ideal sería agacharse como si estuviéramos haciendo una sentadilla profunda: flexionando las piernas y llevando el trasero hacia atrás», aconseja Merchán. De esta manera, no sólo protegemos la zona lumbar sino que estamos trabajando a tope los glúteos». Eso sí, al bajar, las rodillas «nunca han de sobrepasar las puntas de los pies porque, en caso contrario, nos podemos hacer daño en las articulaciones», añade.

Cargar el peso sólo con un lado de nuestro cuerpo es otra de las grandes fechorías que cometemos. «Es fundamental alternar de brazo y mantener siempre la espalda recta y el abdomen en tensión para no castigar nuestras lumbares». Lo de aprovechar estas cargas cotidianas para ejercitar bíceps y tríceps estaría reservado para los más pro. Esos mismos que, al recoger un objeto ligero que se ha caído al suelo, aprovechan para «tonificar glúteos y cuádriceps». O los que, por fin, han descubierto que las escaleras no son un obstáculo a sortear, sino una oportunidad de endurecer el tren inferior «si las subimos con conciencia muscular»